| Los daños que ocasionan los microorganismos patógenos son uno de los grandes problemas que deben afrontar los que interactúan en el proceso productivo de frutas y verduras.
Para evitar daños en las plantas y en los frutos ya cosechados debemos contar con productos fungicidas (biológicos o sintéticos) adecuados para cada momento del cultivo, incluso en la postcosecha. ¿Qué es un fungicida?Se trata de productos que tienen la función específica de controlar los hongos que pueden causar una enfermedad. Por lo tanto, antes de su aplicación es indispensable asegurar que los síntomas presentados por los cultivos encajan con la acción de este tipo de productos. No hay que olvidar que los fungicidas son productos químicos que pueden ser perjudiciales si no se usan adecuadamente. Por lo tanto, es necesario conocer muy bien en qué consisten, su composición y características para determinar la cantidad correcta a aplicar para que puedan realizar su función con eficacia.Los fungicidas buscan dañar la membrana celular de los hongos y sus rutas metabólicas. De esta manera, interfieren en la producción de energía o en la respiración, causando su muerte. En la actualidad también se desarrollan fungicidas de resistencia sistémica adquirida, capaces de activar los mecanismos de defensa de la planta ante una posible agresión. |
![]() |
Los diversos fungicidas que se encuentran en el mercado tienen características diferentes según su tipo, formato y marca. Para su aplicación debemos tener en cuenta también el procedimiento que se van a usar.
En el caso de semillas, bulbos y raíces es habitual hacer un tratamiento previo al momento de la siembra para eliminar los posibles patógenos de la tierra. En el surco de siembra también se aplica un fungicida, ya sea por aspersión o por riego de goteo. En las partes aéreas de la planta se aplican por medio de un aspersor. Las inyecciones en el tronco permiten aplicar el fungicida en el interior de los árboles. En los frutos y plantas cosechados el producto químico se aplica por inmersión, aspersión o recubrimiento. Finalmente, se pueden usar estos tratamientos como desinfectantes en forma de vapor para espacios cerrados, como por ejemplo almacenes de frutas.
Hay que tener en cuenta que es necesario realizar aplicaciones múltiples con repeticiones cada cierta cantidad de días para poder conseguir la total eficacia del tratamiento. De esta manera, se protegen las partes nuevas de la planta que van creciendo y, además, se reemplaza el fungicida perdido al cabo del tiempo.
Estos productos químicos son de uso prácticamente obligatorio para lograr que los frutos lleguen en perfectas condiciones al plato de los consumidores después de todo el proceso de cultivo y cosecha.
Sus principales usos son:
Cabe señalar que la efectividad de los fungicidas depende en buena parte de su momento de aplicación. La enfermedad causada por los patógenos no desaparece en cuanto estos se eliminan. Por lo tanto, es necesario que el tratamiento se aplique como prevención o ante los síntomas más iniciales.
Con este objetivo, los productores de cultivos usan a menudo sistemas para saber cuál es el umbral de acción adecuado para hacer la aplicación en el mejor momento. Para ello, tienen en cuenta factores ambientales, la aparición de los primeros síntomas e, incluso, el impacto económico que puede representar su aplicación.
Conocer el modo de acción de un fungicida, su aplicación y composición nos permite saber cuál es el más adecuado para el manejo de cada enfermedad que puede sufrir la planta, evitando el desarrollo de resistencia a determinados elementos de su composición.
Los fungicidas de contacto también se denominan protectores. Se caracterizan por permanecer en la superficie de la planta, ya que podrían dañarla si los absorbiera. Tienen un uso preventivo y requieren de aplicaciones repetidas para garantizar la total protección de la planta, ya que los fenómenos climáticos pueden eliminarlos.
Por su parte, los fungicidas sistémicos sí que son absorbidos y realizan su función desde el interior de la planta. Pueden ser locales (se movilizan a poca distancia del lugar de aplicación), xilemáticos (si se mueven hacia arriba siguiendo la corriente transpiratoria) o floemáticos (si se mueven hacia otras hojas o las raíces. Al ser capaces de entrar en la planta pueden ser tanto curativos como tener función preventiva.
Los fungicidas de un solo punto de acción son activos únicamente en un elemento esencial de la ruta metabólica del agente patógeno. Es decir, solamente afectan una enzima o una proteína en las que se apoya el hongo para infectar el cultivo. Por lo tanto, su radio de acción es muy específico y, en principio, son seguros si se absorben.
Asimismo, es tradicional el uso de fungicidas de amplio espectro, cuya aplicación permite tratar más de una enfermedad a la vez, fruto de diversos tipos de hongos. De su formulación dependerá a qué elementos patógenos pueden atacar.
Igualmente, los fungicidas se distinguen por su composición química. En sus inicios, estos productos eran inorgánicos y se componían de azufre o iones metálicos. De hecho, todavía se usan los cúpricos y los sulfurados. En la actualidad, la mayoría de los tratamientos usados son orgánicos y contienen carbono. Las diferencias en la composición de estos productos marcan su rango de acción y el tipo de hongo que atacarán.
Finalmente, hay que destacar la existencia de fungicidas preventivos postcosecha, que garantizan el control de posibles enfermedades causadas por hongos desde el momento de la cosecha, durante el proceso y el transporte. Esencialmente, se centran en el control de podredumbres parasitarias.